Duo bertsolaris
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Siempre corrieron malos tiempos para la lírica, pero la situación se antoja más adversa para los jóvenes cantantes que tratan de abrirse paso en el complicado mundo del bel canto, especialmente en un país como Euskadi y en una coyuntura de crisis como la actual. “No tenemos muchas opciones porque aquí no nos salen demasiadas óperas ni conciertos donde poder ir haciendo tablas. Al final no queda más remedio que decir: lo montamos nosotros”.
Dicho y hecho. La soprano donostiarra Ainhoa Franco, de 31 años, es una de las cerca de quince personas que han fundado Opera Gazte. Se trata de un grupo de jóvenes -guipuzcoanos en su mayor parte- que se han lanzado a la aventura de producir su propia ópera. Para su peculiar debut han elegido La Finta Giardiniera, una ópera bufa de W.A. Mozart que representarán en el Teatro Amaia de Irun el 13 de marzo dentro de la temporada 2010 de la Asociación Lírica Luis Mariano.
La idea nació cuando varios estudiantes de canto recibieron el encargo de sus profesores del conservatorio de preparar, a modo de clase práctica, el primer acto de La Finta Giardiniera. El tenor Iker Casares, a la sazón principal promotor de Opera Gazte, recuerda que pasaron dos años con el montaje y que al final se quedaron con ganas de representar el espectáculo al completo. Con algunos de los alumnos ya licenciados, y ante la “dificultad de acceder al complicado mundo de los escenarios de ópera”, decidieron hacer de la necesidad virtud, unirse y aplicar la receta del “háztelo tú mismo”.
por amor al arte
Apuesta “insólita”
Los cantantes que participan en la función, con edades comprendidas entre los 25 y los 31 años, son Naroa Intxausti (Violante), Miren Urbieta (Arminda), Abenauara Graffigna (Serpetta), Mario Cerdá (Conte Belfiore), Ainhoa Franco (Ramiro), Rubén Ramada (Nardo) e Iker Casares (Podestá), que también ejerce de productor y escenógrafo. Ekaitz González se encargará de la dirección de actores, Oihana Regüela de la de escena y el pianista Arkaitz Mendoza se encargará de la dirección musical en los tres formatos en los que ofrecen representar la ópera: con orquesta, con ópera de cámara o como concierto didáctico dirigido a los más pequeños. La iluminación será responsabilidad de Edi Naudó.
Una de las curiosidades más destacables de esta “insólita” apuesta reside en que son los propios cantantes quienes la financian. Han adelantado dinero para adquirir elementos propios de la escenografía, traducir el libreto al castellano y al euskera para los subtítulos y afrontar otras necesidades, y ellos sólo cobrarán por cantar hasta después de las representaciones.
Otra soprano donostiarra, Miren Urbieta, 25 años, resta importancia a la cuestión. “En este mundillo estamos acostumbrados a hacer muchas cosas, no sé si pagando, pero sí por amor al arte. Hay que empezar desde abajo, despacio, y en el momento en el que estamos lo importante es hacernos escuchar”, afirma la cantante, que acaba de interpretar a Ana Mari en El caserío de Sasibill y que el pasado año obtuvo varios premios en el Concurso Internacional de Canto Luis Mariano de Irun.
“Aquí echamos en falta un taller de ópera, un salto intermedio entre algo como la ABAO (Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera) y una cosa más pequeña. Un lugar donde podamos aprender cuestiones sobre la escena, cómo moverse en el escenario…”, asegura Ainhoa Franco. Además, asegura que las “escasas opciones” de los jóvenes vascos que terminan sus estudios de canto es conformarse con papeles pequeños o marcharse al extranjero, pues, por lo general, en Euskadi “no te contratan si no has hecho cosas fuera”.
Según explica Casares, las promotoras o entidades que deseen contratar La Finta Giardiniera deberán pagar entre 7.000 y 9.000 euros por función, un precio más que “asequible” para una producción de ópera. Como el caché de los artistas también es mucho más reducido de lo habitual, el precio de las entradas también estará ajustado y no superará los 22 ó 25 euros. “Creemos que en estos tiempos de crisis, ofrecer una ópera a bajo coste, aunque sea en formato de cámara, es muy goloso, tanto para el promotor como para el público”, añade.
MONTAJE Y ORGANIZACIÓN
Una producción “seria”
Iker Casares advierte de que su propuesta “no es el típico taller de ópera ni un simple concierto de fin de curso”, sino “una producción seria en cuanto a montaje y organización”. Eso sí. La versión de la pieza de Mozart ha quedado “reducida y adaptada en lo escénico” y su duración se ha reducido a los 90- 120 minutos. Tampoco hay “pirotecnias visuales” propias de obras como Aida o La flauta mágica, pues La Finta Giardiniera es una ópera bufa cuya “gracia” y cuyo “tirón” residen en el propio libreto, que narra una historia repleta de enredos que consiguen que el espectador se desternille.
Sin embargo, los integrantes de Opera Gazte pretenden demostrar que ser un joven estudiante no está reñido con el hecho de “cantar con buen nivel”. A su juicio, es posible “ofrecer una buena producción de ópera que entretiene, sale barata y está creada por gente de casa” que sabe lo que hace, pues algunos cuentan con cierta experiencia como solistas y la mayor parte se ha bregado en los escenarios con papeles secundarios de óperas de gran formato.
De momento no se plantean la continuidad del proyecto ni que éste sirva para montar nuevas producciones. Simplemente les gustaría que el estreno de marzo en Irun, que será grabado y emitido por ETB3, les sirva para llevar La Finta Giardiniera a otros escenarios vascos.