BOS con el Coro Andra Mari de Rentería (Bilbao). La voz cantante
El coro guipuzcoano se sumará a la orquesta en dos piezas impactantes y poco habituales de Brahms
BOS con el Coro Andra Mari de Rentería
Euskalduna (Bilbao)
Euskalduna (Bilbao)
De Johannes Brahms (1833-1897) se puede esperar lo mejor. Toda la vida tuvo un sentido muy claro del espectáculo. De niño, le tocó ganarse la vida en las tabernas de Hamburgo, con un piano delante y una fauna muy variopinta alrededor. Total, que conocía muy bien los resortes de la naturaleza humana. A la hora de inclinarse sobre las partituras en blanco, no le faltaba inspiración para llegar al corazón de su público. Era un compositor que no se iba por las ramas, avanzaba con pies de plomo y rehuía los experimentos con gaseosa.
A veces se le tacha de conservador, y no vamos a negar que lo fuera. Ahora bien, como nada es blanco ni negro al cien por cien, también hay que decir que en la actualidad goza de una popularidad envidiable. La inmensa mayoría de sus obras se interpreta con regularidad (nada que ver con la producción de Mendelssohn o Schumann) y, a estas alturas, nadie le tose. La BOS, con Günter Neuhold al frente, no lo tendrá difícil para ganarse al auditorio. Aunque vayan a interpretar dos piezas sinfónico-corales poco habituales, seguro que los diez minutos de cada una no se hacen largos… Con las voces del Coro Andra Mari de Rentería, bajo la dirección de José Manuel Tife, aquello sonará a gloria bendita.
Y de eso se trata, en gran parte, pues hablamos de ‘Nänie’ (‘Nenia’), op. 82, y Canto de las Parcas, op. 89. La primera es una partitura compuesta por Brahms en homenaje a su amigo Anselm Feuerbach, pintor clasicista a macha martillo fallecido en enero de 1880. Los dos compartían ideales, nostalgias y la esperanza de que el ‘buen gusto’ no se perdiera nunca. Sabían que los tiempos estaban cambiando y hacían lo que podían.
Romanos y griegos
‘Nänie’ hace alusión a las procesiones que, en la antigua Roma, encabezaban los parientes de los difuntos. Se basa en un poema de Schiller y arranca con una declaración de principios: ‘Auch das Schöne muss sterben’ (‘También lo bello debe morir’). No se asusten, el tono general no es tan sombrío. También hay lirismo, mucha fuerza y un estremecimiento final que se concentra en el penúltimo verso: ‘Auch ein Klaglied zu sein im Mund der Geliebten ist herrlich’ (‘También es sublime ser un lamento en boca del amado’). Presten atención, ‘Nänie’ les sorprenderá. Seguro.
En cuanto al Canto de las Parcas, eso ya es otra historia. ¡Derrocha oscuridad! Se inspira en el drama ‘Ifigenia en Tauris’, de Goethe, que narra las angustias de la pobre hija de Agamenón, rey de Micenas. Los griegos, qué les vamos a contar, no se andaban con chiquitas. Esta pieza de Brahms dibuja un panorama desolador donde los dioses manejan los hilos a su libre albedrío. No les dejará fríos. Y, ojo, que hay más: el concierto de la BOS se abrirá con el Preludio y Fuga en mi bemol mayor de Bach (1685-1750), en adaptación de Schönberg (1874-1951) y tendrá como punto final la Cuarta de Brahms. Un cóctel que les dejará buen sabor de boca. ¡Apúrenlo hasta la última gota!